El poder, las normas sociales y el bullying

El poder, las normas sociales y el bullying

Para comprender la relación entre el poder, las normas sociales y el bullying, es útil entender el acoso como un fenómeno de grupo que se produce en un contexto social determinado.

Los jóvenes participan en diversos contextos sociales, entre ellos la familia, los compañeros, la escuela, la comunidad y la sociedad.

Las normas sociales -las formas esperadas de mirar y comportarse- existen dentro de los grupos de estudiantes y en toda la comunidad escolar.

El acoso en los Grupo de compañeros

Cuando personas de cualquier edad están juntas, se producen ciertos procesos grupales. Al principio, existe una tendencia natural a destacar la diferencia más evidente entre los grupos, como el sexo, la raza, la edad o la clase social.

Los miembros del grupo consideran que su propio grupo es mejor que otros grupos.

Este proceso conduce al desarrollo de la identidad de grupo y de las normas de grupo. Sin embargo, también puede permitir que los individuos justifiquen la intimidación simplemente porque un compañero no es parte del mismo grupo.

Luego, dos procesos ocurren al mismo tiempo – un proceso de similitud y uno de diferencia.

El proceso de similitud se produce a lo largo del tiempo a medida que el comportamiento y el pensamiento de los miembros del grupo se vuelven más coherentes con las normas del grupo.

Se utilizan diversas tácticas, como la risa, para alentar a los individuos a ajustarse a las normas del grupo.

Los individuos que se identifican fuertemente con el grupo lo defenderán de buena gana contra los miembros no conformes y contra otros grupos.

Pueden culpar a un compañero por no ajustarse a las normas del grupo y ver el bullying como una forma de reforzar esas normas.

El proceso de diferenciación se produce a medida que los miembros crean sus propios papeles individuales dentro del grupo. Las posiciones de estatus del grupo se desarrollan en base a las prioridades y valores del grupo. Los miembros del grupo juzgan su propia condición y algunos compiten para obtener y mantener su condición social.

Es probable que los individuos que desafían la jerarquía de estatus experimenten resistencia por parte de los miembros del grupo. Algunos comportamientos de intimidación se producen en un esfuerzo por mantener el estatus o el dominio dentro del grupo de pares.

En la Escuela

Los esfuerzos o la falta de esfuerzos de los maestros para intervenir en el acoso escolar pueden afectar a las normas de la clase relacionadas con los comportamientos de bullying.

Es menos probable que los estudiantes se involucren en la intimidación si perciben que su profesor desaprueba la intimidación.

En algunas aulas, es común que los estudiantes se comporten de manera que proporcionen recompensas sociales a los perpetradores, como reírse cuando un estudiante es ridiculizado en público.

En otras aulas, ese comportamiento es poco común y es más probable que los estudiantes defiendan a un estudiante que está siendo intimidado.

Las investigaciones han demostrado que existe un vínculo entre las aulas con un alto nivel de jerarquía de estatus (popularidad o impacto social) y los altos niveles de intimidación a lo largo del tiempo.

Los estudios también han encontrado que muchos estudiantes que intimidan son populares entre sus compañeros.

En la Comunidad

El contexto comunitario puede tener un impacto en el acoso. Por ejemplo, las normas sobre el peso corporal, como la aceptación de cuerpos más pesados, difieren entre los grupos raciales y étnicos.

Las pruebas disponibles indican que las normas comunitarias pueden afectar positiva o negativamente a la incidencia de la intimidación basada en el peso.

En la Sociedad

Las actitudes sociales, como los prejuicios, contribuyen a los comportamientos de acoso.

En particular, varios grupos de jóvenes (por ejemplo, los jóvenes LGBTIQ+, los jóvenes con discapacidades) corren un mayor riesgo de ser objeto de intimidación.

Implicaciones para las escuelas

Las iniciativas de prevención de la intimidación en las escuelas deben tener en cuenta los procesos de grupo que contribuyen a la intimidación.

Ello puede suponer un cambio de las normas de grupo para crear un sentido de comunidad que fomente un comportamiento respetuoso, la aceptación y la inclusión de todos los estudiantes, de modo que sea menos probable que se produzca la intimidación.


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