Quien nos enoja, nos domina

El problema que surge cuando algo nos enfada es que ese sentimiento nos retroalimenta y, si no somos capaces de distanciarnos, puede llevarnos a la ira.

Quien nos enoja, nos dominaRaquel aldana

Escrito y verificado por el psicólogo. Raquel aldana el 23 de agosto de 2021.

Tendemos a ocultar nuestra ira en público, ya que reconocer que algo nos enoja nos hace sentir vulnerables. Enfadarse está mal visto, porque se malinterpreta y, por tanto, se trata injustamente esta emoción.

La ira es una herramienta natural en nuestra evolución para informarnos que hay algo que nos está molestando y que es necesario examinarlo y encontrar un equilibrio.

El principal motivo por el que se castiga la actitud de enfado es que se confunde con el enfado o con la expresión excesiva de enfado.

Debemos entender que No es lo mismo estallar y gritar que fruncir el ceño. En este sentido, la ira respondería a una mala gestión de aquello que nos enoja.

Conciencia de la emoción, el primer paso hacia la liberación.

Ser consciente de nuestros sentimientos y tratar de gestionarlos y transformarlos son cuestiones que van de la mano. Porque, tomar conciencia de nuestras emociones y sentimientos constituye un intento de expresión y liberación.

Así, por ejemplo, que un niño se queje con otro por quitarle su juguete implica una cierta conciencia de los sentimientos negativos que genera esta injusticia.

Es decir que, en este sentido, La ira es nuestra mejor herramienta para pedir igualdad.

Pero si ese niño continúa obsesionado con el desencadenante de su malestar y se enfoca solo en la negatividad, retroalimentarán hacia un estado de ánimo negativo continuo. Es decir, la ira aumentará, como si fuera una bola de nieve rodante.

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Por eso es importante comprender nuestros sentimientos después de ser conscientes de lo que nos enoja. Trabajar en nuestros sentimientos y emociones nos da la opción de seguir avanzando.

En otras palabras, centrar nuestra atención en lo que nos enoja tiene una consecuencia directa: nuestra dominación. Si superamos el estado de ira, volveremos a ser libres.

El cerebro emocional durante la ira

Hay muchos tipos de ira, pero todo lo que nos hace enojar tiene una cosa en común: la reacción de nuestro cerebro emocional ante una amenaza física o psicológica.

Nuestros sentidos envían la primera chispa a la amígdala cerebral, que activa nuestro circuito emocional y pone en movimiento la neocorteza, a su vez responsable de calcular una reacción más o menos ajustada a la injusticia.

La descarga de energía límbica (amígdala y áreas adyacentes) libera catecolaminas para una acción rápida y con propósito. A su vez, y durante más tiempo, la rama adrenocortical de nuestro sistema nervioso nos mantiene activados y predispuestos a una acción más prolongada.

Este es, como se diría en términos coloquiales, el mal cuerpo que queda después de la ira.

Esta misma hipersensibilidad fisiológica es la que nos domina cuando nuestra mente se alimenta de una espiral de pensamientos negativos. Digamos nuestro cuerpo nos predispone a construir ira sobre ira.

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Esto da como resultado una «incapacidad cognitiva» para razonar adecuadamente, por lo que se descartan los pensamientos que podrían atenuar nuestro estado de ánimo negativo.

Enfriamiento: la clave para la confianza en uno mismo

Por lo tanto, para apaciguar nuestra excitación psicológica lo primero que debemos hacer es distanciarnos de la situación y hacer que la adrenalina deje de controlarnos.

Con esto queremos conseguir que el entorno deje de ser irritante para poder sentirse bien a través de la distracción.

La ira es una emoción alimentada por nuestro monólogo interno. Nos proporcionamos argumentos convincentes que nos ayudan a desahogar nuestro descontento con algo o alguien.

Esta cadena de pensamientos hostiles que agravan la ira es la clave para reducirla. Es decir, la clave que necesitamos para detener tal razonamiento es, precisamente, dejar de buscar razones o justificaciones que alimenten este escenario mental.

Por eso, lo importante es dejar de echar leña al fuego de la ira y Trate de ver la situación de manera diferente y más positiva.

Así que tengamos esto en cuenta para que lo que nos enoja no nos domine.

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