La felicidad absoluta es un mito

El problema que surge a la hora de buscar la felicidad absoluta es que no notamos los pequeños momentos de felicidad en nuestro día a día, que son los que realmente componen este estado. Por lo tanto, terminamos perdiéndonos muchos momentos significativos.

La felicidad absoluta es un mito

Aspiramos a una vida feliz y plena, como si este fuera un objetivo que aún no hemos alcanzado. Así, mientras luchamos por ese alto ideal, dejamos de tolerar y aprender de aquello que nos acompaña cada día: la decepción, la tristeza, el miedo.

¿Por qué decimos que la felicidad absoluta es un mito? Porque esta dimensión no está libre de adversidades y desencuentros. Además, nuestra vida nunca puede ser perfecta. A continuación, profundizamos en este tema.

¿Qué es realmente la felicidad?

La felicidad no es más que el equilibrio presente en todos los aspectos de nuestra vida. Sin embargo, la cultura actual tiende a distorsionar su significado y la forma de lograrlo. Veamos algunos datos para reflexionar.

La felicidad como negocio

Desde que Martin Seligman, psicólogo de la Universidad de Pennsylvania, sentó las bases de la psicología positiva en 1990, nuestra cultura de crecimiento personal ha experimentado un cambio. La felicidad (o los mecanismos para lograrla) se ha convertido en un negocio.

Cada año se publican miles de libros sobre este tema en todo el mundo. Las universidades ofrecen cursos y no faltan los entrenadores que buscan brindarnos herramientas para dar forma a esa felicidad absoluta. Sin embargo, hoy en día, la gente está adoptando otras perspectivas desde las que promover un bienestar más real.

La búsqueda de la felicidad absoluta trae infelicidad

Quien aspira a una vida sin aristas, dotada de perfecciones y altos ideales, lo más probable es que termine frustrado. Es como un niño que está convencido de que cuando sea mayor podrá lograrlo todo y poco después, cuando aparece la primera dificultad o adversidad, es incapaz de reaccionar.

El incansable buscador de la felicidad, tarde o temprano acaba agotado y, peor aún, frustrado. Debemos entender que lograr el bienestar, el equilibrio y la satisfacción personal es más sencillo de lo que pensamos. Se trata simplemente de saber gestionar las adversidades del día a día manteniendo la ilusión y trabajando en nosotros mismos.

Porque todo lo negativo en nuestra vida tiene una función. ¿Podrías apreciar la felicidad si no hubieras vivido momentos de absoluta tristeza? Este estado de plenitud no se alcanza, no se puede tocar con los dedos; es un ejercicio que debe practicarse a diario.

Jerome Wakefield, profesor de la Universidad de Nueva York, lidera actualmente la marea contra la felicidad. Con su libro La pérdida de la tristeza: cómo la psiquiatría transformó el dolor normal en un trastorno depresivo, nos invita a reflexionar sobre lo siguiente:

  • Obsesionarse con la felicidad absoluta tiene un costo: eliminar la tristeza de nuestro repertorio emocional.
  • Aprender a gestionar, aceptar y afrontar las dimensiones negativas de la vida es un mecanismo ideal para invertir en bienestar y salud.

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Felicidad absoluta a toda costa

¿Alguna vez te has preguntado qué estás haciendo para lograr esa felicidad absoluta deseada? Quizás estás tan obsesionado con lograrlo que te estás olvidando de lo más importante: disfrutar del momento. Cuando la felicidad es una meta, comenzamos a descuidar el camino que estamos recorriendo. solo para pensar en completar nuestro objetivo.

Sin embargo, esto no es positivo. Más que nada porque, aunque llegue el que anhelas, ¿qué pasará después? La felicidad no es una meta, es algo que hay que cuidar y regar todos los días para que prospere. Piense en lo que puede estar dejando de lado: las relaciones, la familia e incluso usted mismo.

La única razón por la que anhelamos tanto esa satisfacción deseada es porque, en nuestras mentes, está idealizada de una manera muy exagerada. Creemos que alcanzar la felicidad nos hará sentir bien de forma permanente. Será la satisfacción de todas nuestras necesidades.

Sin embargo, esto es irreal. Así como los seres humanos son imperfectos, como tales, no podemos aspirar a ese bienestar ideal. Esto solo existe en nuestra cabeza. Una creencia que nos hace querer encontrar lo que nunca debería buscarse.

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El lado positivo de todo lo negativo

Una situación en la que todo era luz y la oscuridad no existía es inimaginable. No solo porque es imposible de conseguir, como hemos visto, sino porque el malestar y las situaciones que nos resultan desagradables y dolorosas tienen su propia función.

Gracias a las situaciones más complicadas podemos crecer y, debido a todas las circunstancias de la decepción, pudimos madurar. Aunque a veces es muy difícil, todo lo malo que nos pasa nos ayuda a forjar nuestro carácter y nos permite desarrollar la capacidad de resolver problemas.

Los momentos negativos nos ayudan a valorar los positivos. Ambos se complementan y, además, compensan. De esta forma, la tristeza nos permite valorar la risa, y la desolación, la alegría.

Como puede ver, no hay felicidad absoluta. Entonces, lo mejor que podemos hacer es aprender a encontrar un equilibrio con lo que tenemos en el momento. Aunque siempre es necesario aspirar a más, La verdad es que tienes todo para empezar ahora a cultivar esa ansiada felicidad; imperfecto, pero real.

No podemos olvidar que nace en la humildad, se forja en la risa y se sostiene con una actitud positiva. Porque de todo lo que nos han dicho que debemos hacer para lograrlo, solo una pequeña parte es verdad. Depende de nosotros hacer algo para cambiarlo.

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